El Mesón de San Antonio

Historia

“Durante el periodo colonial, la ciudad de Guanajuato era la más importante productora de plata en el mundo. Sin embargo, esa misma prosperidad originó diversos problemas urbanos, tales como constantes inundaciones en la localidad, escasez de agua durante épocas de sequía, así como carencias de áreas para el desarrollo de la entidad.
Como una solución a algunas de estas contingencias, en los años setenta del siglo dieciocho, las autoridades determinaron encajonar el Río Guanajuato, lo que abrió la posibilidad de cubrirlo con bóvedas.
Aprovechando esta modalidad de crecimiento urbano, Vicente Manuel de Sardaneta, Primer Marqués de Rayas, construyó el Mesón de San Antonio en el año de 1776”

Captura de pantalla 2018-10-10 a las 10.47.06 a.m.                                                                                 Vicente Manuel de Sardaneta

“En aquellos años, el Marqués de Rayas adquirió predios en las partes cercanas del río sobre el que se asentó la construcción del Mesón. En un principio no tenía contemplado erigir una bóveda para la protección de su nueva propiedad, sino más bien ocupar terrenos de la zona aledaña. La propuesta sobre la necesidad de encapsular el Río Guanajuato para evitar inundaciones, vino algunos años después de que el Marqués hubiera comprado terrenos en la calle Alonso, así como en las faldas del Cerro de San Miguel, al otro lado del afluente.

Las buenas relaciones de este personaje con el Rey de España Carlos III y el entonces Virrey de la Nueva España, Antonio María de Bucareli y Ursúa, le permitieron hacer del Mesón de San Antonio, un espacio cuatro veces más grande de lo que se había planeado originalmente, favoreciéndole en gran medida la unión de sus terrenos con una bóveda para así construir encima de la misma. Ello permite concluir, que el interés por
una construcción de estas características, obedeció más al deseo del Marqués de Rayas por expandir su propiedad, que por evitar el desbordamiento del río.

“La licencia para erigir el Mesón de San Antonio fue concedida por el virrey Bucareli y Ursúa, y aunque no hay certeza sobre quien fue el arquitecto del inmueble, se considera que Felipe Ureña pudo haber encabezado su diseño. Este profesionista ya anteriormente había realizado otras construcciones de la familia del Marqués de Rayas, tales como el Templo de la Compañía o la fachada de la capilla doméstica familiar.
De acuerdo con el Arquitecto Arturo Parra Moreno, investigador que se ha especializado en el estudio de este importante edificio, los argumentos utilizados por el Marqués de Rayas para que se le concediera el permiso de construcción fueron bastante convincentes”.

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“Así, el Mesón de San Antonio sirvió en un principio como casa de huéspedes, así como de almacén -muy similar a los fondac árabes-. Se considera también como el mesón más antiguo de la ciudad, y expertos creen que con su construcción, el Marqués de Rayas monopolizó el negocio del hospedaje en Guanajuato, entre 1776 y 1821.
Durante el periodo de la Guerra de Independencia de México, el Mesón se convirtió en cuartel de guerra de los Realistas. Tras la conclusión del conflicto, el inmueble retomó sus funciones como hostería de lujo. En la década de 1820, se cree que el diplomático estadounidense Joel Robert Poinsett, quien ostentó el cargo de Agente Especial del Presidente de Estados Unidos para México, se hospedó en el Mesón de San Antonio. Y es que una descripción hecha por el político norteamericano del cuarto de un mesón mexicano en una de sus tantas estancias en nuestro país, coincide con las características
del edificio guanajuatense. La buena fama de la hostería continuó atrayendo por igual a mineros, comerciantes y arrieros durante el resto del siglo XIX.”

“A principios del siglo XX su nombre cambió a Hotel San Antonio; en él se celebraban importantes reuniones sociales, que atraían a una gran cantidad de personalidades de la sociedad guanajuatense. Sin embargo, con los estragos causados por el movimiento revolucionario, que a su vez provocaron problemas económicos y migración poblacional, hacia el año de 1920 el entonces dueño del inmueble, Joaquín Ederra, en quiebra, se vio obligado a vender la propiedad.
A partir de este momento, el giro del lugar sufrió importantes afectaciones, al pasar de ser un famoso lugar para hospedaje, a convertirse en casa de vecindad, y posteriormente en un caserío semi abandonado. El futuro era incierto”

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“Con el paso del tiempo, el Mesón de San Antonio dejó de ser un espacio rentable para la actividad del hospedaje, por lo que comenzó a utilizarse como casa de huéspedes y posada para viajeros modestos e inquilinos fijos. Parte de las caballerizas fueron utilizadas como pensión, y al abrirse la puerta de la Calle Subterránea se tenía acceso a las denominadas “Catacumbas”, donde se ubicaban las antiguas caballerizas.
Posteriormente, el inmueble se habilitó como colegio particular, lo que condujo a una drástica transformación de sus espacios, debido a que se demolieron ocho muros para ampliar los salones del último piso.”

“En la década de 1950, iniciaron las actividades artísticas del Teatro Universitario de la Universidad de Guanajuato, que dirigía Enrique Ruelas. El mesón funcionaba en ese entonces como casa de huéspedes; sin embargo, las características y ambientación del segundo patio ofrecieron el escenario ideal para representar comedias del Siglo de Oro Español, así como obras de Lope de Rueda y de Alejandro Casona”.

“Durante la década de 1960 y 1970, el inmueble albergó la Escuela Secundaria Ignacio Montes de Oca, dirigida por el Padre Rafael Ramírez. La escuela, que pertenecía al clero, no pudo pagar su restauración, una exigencia del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), por lo que se determinó reubicar a la institución educativa en un edificio nuevo construido en la subida a Mineral de Cata.

Es en estas circunstancias, que en su segundo periodo como rector de la Universidad de Guanajuato entre 1973 y 1976, el Lic. Eugenio Trueba Olivares realizó las gestiones para adquirir el Mesón de San Antonio, con la finalidad de aprovecharlo como un espacio idóneo para la extensión y difusión de la cultura.

En 1977, bajo el rectorado del Lic. Néstor Raúl Luna Hernández, concluyó el proceso de compra del histórico recinto. El precio pagado fue de dos y medio millones de pesos”.

“Parra Moreno explica que en 1981, el Mesón de San Antonio fue utilizado para distintas actividades. Por ejemplo, los patios se emplearon como restaurantes de los elencos y público del Festival Internacional Cervantino (FIC).Captura de pantalla 2018-10-10 a las 10.57.17 a.m.

Algunas habitaciones que contenían alacenas, se convirtieron en puertas para integrar espacios que antes eran autónomos. Otro cambio importante sucedió en la cocina-comedor original, pues se comunicó esta habitación con la planta baja a través de una escalera, mediante la extracción de una parte del entrepiso; de igual manera se alteró y cambió el nivel y trazo originales de la rampa colocada en el patio principal.

A finales de la década de 1980 y principios de 1990, durante la realización del FIC, un salón que se ubicaba en el tercer piso al fondo fungía como restaurante para satisfacer las necesidades de participantes en la también llamada “Fiesta del espíritu”. A partir del año 2000, el mismo espacio fue utilizado como sala de prensa del mismo festival”

Para saber más de este emblemático lugar, el Sistema de Radio, Televisión e Hipermedia de la Universidad de Guanajuato presenta el documental original y el libro electrónico “Mesón de San Antonio”.

Síguelos por:

http://www.hipermediaug.ugto.mx
http://www.televisionug.ugto.mx

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Jorge Ibargüengoitia

La Feria del Libro de la UG cumple 60 años y lo celebra con un homenaje a Jorge Ibargüengoitia; te presentamos una breve semblanza del escritor guanajuatense.

Entrevista Juan Villoro

El maestro Juan Villoro, ganador del primer Premio Jorge Ibargüengoitia de Literatura de la Universidad de Guanajuato, habló para las cámaras de Ciudad UG acerca del significado de recibir esta distinción, que lleva el nombre de uno de los máximos exponentes de la literatura guanajuatense.

 

¿Qué función debe cumplir la cámara de senadores en un régimen democrático?

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Dr. Daniel Añorve Añorve

Profesor titular A.

Departamento de Estudios Políticos y de Gobierno

División de Derecho, Política y Gobierno

Campus Guanajuato

Para la mayoría de las personas que viven en un régimen democrático resulta vox populi la existencia y separación de tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial; sin embargo, es común el desconocimiento o al menos la confusión entre la diferencia en la razón de ser, la funciones, facultades y finalidades existentes entre un diputado (representante en Estados Unidos) y un senador. Después de todo y pensando en la frecuente demanda de reducción de plurinominales, de austeridad republicana y otras demandas válidas de la ciudadanía, es lógico que la gente se pregunte, ¿por qué no homologarlos y así reducir el costo para el erario?

La presente reflexión intenta trascender las largas páginas dedicadas a los diferentes componentes del poder legislativo dentro de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (CPEUM). No es la intención tampoco hablar de la función propiamente legislativa del senador (como generador de leyes).

El Senado debe ser entendido como una representación del Estado, mientras que al diputado se le debe entender como una representación de la población del Estado, lo cual es muy diferente. Aunque no sea un requisito legal, la labor de los senadores requiere idealmente la participación de ciudadanos con vastos conocimientos en materia de derecho internacional, Ciencia Política, historia, geografía, política exterior y, preferentemente, del dominio de lenguas extranjeras. Se podría decir, sin exagerar, que dado el espíritu y finalidad del Senado como institución, si existe un órgano del Estado que debería ser integrado preferentemente por ciudadanos notables, éste es el Senado. Quizá, producto de lo anterior, es que la edad para ser senador, la duración del cargo y las facultades viales para la conservación del Estado vis-a-vis otros Estados, hacen que el perfil, duración del cargo y la remuneración sea diferente (y superior) a la del diputado.

Como representación de las entidades federativas (lo que la gente conoce como los estados), las cuales a su vez se suman para representar al Estado (lo que se conoce como país) en su conjunto, podemos comprender que, independientemente del tamaño territorial, el tamaño de la población y la contribución de cada entidad federativa al Producto Interno Bruto (PIB) de México, cada entidad federativa tendrá, invariablemente, el mismo número de senadores, lo que no pasa con los diputados.

El Senado también tendrá que ser un guardián (watchdog) del Ejecutivo en lo que concierne a la política exterior y sobre todo a la celebración de tratados y/o convenciones internacionales que vinculen (generen obligatoriedad) a México. Por lo anterior, no es poco común en el mundo, sobre todo en los países más desarrollados, que cuando un Jefe de Estado y/o de Gobierno firman un instrumento internacional que no conviene a los intereses de largo plazo, o que de plano pone en riesgo la viabilidad y supervivencia del Estado, el Senado frene lo que desde este cuerpo podría ser analizado y en su caso juzgado como un exceso o falta de prudencia del titular del Ejecutivo en turno.

Para concluir, un ejemplo histórico, que paradójicamente evitó a México una mayor pérdida territorial y lo que muy probablemente hubiese implicado la partición del país

como lo conocemos actualmente, es la actuación del Senado estadunidense. Gracias al poder y contrapeso envestido en el Senado estadunidense, el Tratado McLane-Ocampo, promovido por Benito Juárez, no fue ratificado en Estados Unidos, con lo cual quedó como una intención no vinculante (no obligatoria). México se vio beneficiado por lo que en su momento fue un revés doméstico al propio Ejecutivo estadunidense.